Yo creo en ti
Caracas 11 de marzo de 2014
A dos horas de que se
cumpla un mes del inicio de las protestas en Venezuela, me siento a escribir estas letras luego de haber escuchado en
persona las palabras de los principales dirigentes estudiantiles de nuestro
país, en medio de una asamblea de vecinos que en esta oportunidad fue en una
urbanización, pero que se ha venido realizando en barriadas, plazas y zonas
populares de Caracas.
Pido disculpas de
antemano por no poseer un vocabulario más extenso o por no tener un léxico más
nutrido para desarrollar en texto, el
sentimiento de admiración, orgullo y respeto que siento por estos jóvenes, que
tal vez algunos compartan mi edad o se aproximen a ella, pero que en definitiva
no son como yo, ellos tienen en su mirada la determinación, en sus acciones el
tesón, en sus cuerpos la resistencia, pero sobre todo en su mente la capacidad
de imaginar una Venezuela mejor a la que tenemos y están dispuestos a morir por
conseguirla, no uso la palabra morir de
forma retórica, en estos momentos jóvenes mueren en Venezuela no solo por
defender sus ideales y derechos como hombres libres, sino por defender los
tuyos aunque tal vez pienses distinto, o ni siquiera estés en el país para
verlo, esto sin duda es inspirador.
Este 12 de marzo de
2014, nuevamente la historia nos cita en las calles con la oportunidad y más
aún con el deber de defender lo que por derecho nos pertenece, nuestra
libertad, en medio de un protesta que va más allá de la política, una protesta
que trasciende la división que durante 15 años nos han querido sembrar a los
venezolanos, una protesta que han pretendido deslegitimar estigmatizándola como
criminal y que con todo el poder secuestrado han asesinado, torturado,
desaparecido, a muchos de sus protagonistas, pero que minuto a minuto se hace
más real e intensa en nuestros hogares.
No podemos cederle el paso a la desesperanza, no nos podemos
dejar invadir y controlar por el miedo, tenemos que ganar confianza no solo en
nosotros mismos sino en aquellos que para bien o para mala padecen nuestras
mismas penas, porque eso nos une, nos da una identidad única más allá de ser
venezolanos y precisamente esa identificación debe ser nuestro combustible de
movilización, no estamos solos.
Hay que creer, debemos hacer el ejercicio diario de creer
que si podemos ganar, cuando dudamos de nuestra capacidad de triunfo, cuando
nos desmoronamos ante la crítica destructiva a nuestro propio movimiento,
cuando somos indiferentes y nos paralizamos, pasamos a ser cómplices de la
victoria de nuestro opresor, todos jugamos un papel y de todos depende el
avance, si podemos y lo vamos a lograr.
Nadie sabe que va a pasar, ni cuánto va a durar, todos
queremos volver a la “normalidad” a la que estábamos acostumbrados y sin duda
este proceso histórico que vivimos ha sido agotador, pero la realidad es que
esa “normalidad” a la que todos deseamos regresar, cada vez se disuelve más en
la mano del opresor. Hay que estar claros de lo que estamos viviendo y lo que
el gobierno está dispuesto a hacer para mantenerse en el poder, el hecho de que
el opresor tenga todas las capacidades para reestablecer el orden social y el
rumbo de este país, pero solo pretenda hacerlo siendo coaccionado por el
sufrimiento de su pueblo, demuestra sus reales intenciones, dejemos de ser
inocentes.
Termino cargado de emociones encontradas y de mucha
incertidumbre, pero convencido del papel que jugamos cada uno de nosotros,
asegurando que solo pasará lo que permitamos que pase, estoy inspirado por los
líderes estudiantiles e iluminado por la firmeza de que si hay algo por lo que
vale todas las penas luchar, es por la plena libertad.