Nace, se desarrolla, crece, se muere o se hace solido, ese es el ciclo de una relación… pero en ese proceso ocurre algo imposible de evitar por razones lógicas y naturales y este algo es el conflicto.
El conflicto, sus razones y la forma en cómo este sea manejado por las partes involucradas, revela las intenciones reales de una relación, la capacidad y madurez para solventarlos y hasta podría predecir el destino de la misma, pero sobretodo saca a luz algo increíblemente adictivo… la pasión. Los conflictos permiten expresarse con pasión y sin tapujos, libremente sin caretas, muestra el rostro real de las personas y distiende las presiones protocolares del dia a dia, es un choque de adrenalina y como un huracán arrasa todo y te permite empezar de nuevo, por eso los conflictos en muchos casos son una herramienta utilizada para reavivar las cosas.
El conflicto es toxico, envenena y si se maneja como el único lazo que une las partes, puede ser tan nocivo que los daños se vuelven irrecuperables e irreversibles, pero el sabor agridulce da un efecto placebo momentáneo, hasta que se vuelve a caer en el circulo vicioso.
Las relaciones deberían ser de no ataque y no defensa, de tolerancia, pero si simplemente no hay objetivos claros y ganas de cumplirlos… la agonía puede ser larga, pero la ruptura es segura.

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